Detectamos un uso abusivo de la tecnología cuando: Necesita estar conectado durante más tiempo para sentirse satisfecho. Se siente deprimido, nervioso o enfadado. Se le pasa cuando usa la tecnología. Pasa mucho tiempo pensando cuándo se conectará de nuevo. No consigue controlar el tiempo que pasa conectado. Ha dejado de lado actividades u obligaciones por estar conectado. Prefiere las relaciones online a las personales. Miente en relación a la frecuencia con la que se conecta. La mayoría de los jóvenes pasan por este proceso abusivo. Aun así, realizar un seguimiento y transmitir la información necesaria evita riesgos mayores. Si el problema persiste, habría que consultar a un especialista. Cómo afrontar el problema:. El menor ha instaurado un hábito abusivo de la tecnología y, ahora, tiene que desaprenderlo. No se trata de prohibírselo, sino de que aprenda a usarlo de forma controlada, sustituyendo los hábitos inadecuados por otros más positivos. Fijar metas y plantearle pequeños retos para que recupere el control sobre el tiempo de uso. Hacer una lista de pros y contras de no abusar de la tecnología. Educar en el uso de Internet como fuente de información y formación, no solo de diversión. Terapia familiar donde, entre otras cosas, se asuman los errores y se anime a la colaboración para la recuperación del menor.
Detectamos un uso abusivo de la tecnología cuando: Necesita estar conectado durante más tiempo para sentirse satisfecho. Se siente deprimido, nervioso o enfadado. Se le pasa cuando usa la tecnología. Pasa mucho tiempo pensando cuándo se conectará de nuevo. No consigue controlar el tiempo que pasa conectado. Ha dejado de lado actividades u obligaciones por estar conectado. Prefiere las relaciones online a las personales. Miente en relación a la frecuencia con la que se conecta. La mayoría de los jóvenes pasan por este proceso abusivo. Aun así, realizar un seguimiento y transmitir la información necesaria evita riesgos mayores. Si el problema persiste, habría que consultar a un especialista. Cómo afrontar el problema:. El menor ha instaurado un hábito abusivo de la tecnología y, ahora, tiene que desaprenderlo. No se trata de prohibírselo, sino de que aprenda a usarlo de forma controlada, sustituyendo los hábitos inadecuados por otros más positivos. Fijar metas y plantearle pequeños retos para que recupere el control sobre el tiempo de uso. Hacer una lista de pros y contras de no abusar de la tecnología. Educar en el uso de Internet como fuente de información y formación, no solo de diversión. Terapia familiar donde, entre otras cosas, se asuman los errores y se anime a la colaboración para la recuperación del menor.
Detectamos un uso abusivo de la tecnología cuando: Necesita estar conectado durante más tiempo para sentirse satisfecho. Se siente deprimido, nervioso o enfadado. Se le pasa cuando usa la tecnología. Pasa mucho tiempo pensando cuándo se conectará de nuevo. No consigue controlar el tiempo que pasa conectado. Ha dejado de lado actividades u obligaciones por estar conectado. Prefiere las relaciones online a las personales. Miente en relación a la frecuencia con la que se conecta. La mayoría de los jóvenes pasan por este proceso abusivo. Aun así, realizar un seguimiento y transmitir la información necesaria evita riesgos mayores. Si el problema persiste, habría que consultar a un especialista. Cómo afrontar el problema:. El menor ha instaurado un hábito abusivo de la tecnología y, ahora, tiene que desaprenderlo. No se trata de prohibírselo, sino de que aprenda a usarlo de forma controlada, sustituyendo los hábitos inadecuados por otros más positivos. Fijar metas y plantearle pequeños retos para que recupere el control sobre el tiempo de uso. Hacer una lista de pros y contras de no abusar de la tecnología. Educar en el uso de Internet como fuente de información y formación, no solo de diversión. Terapia familiar donde, entre otras cosas, se asuman los errores y se anime a la colaboración para la recuperación del menor.
Detectamos un uso abusivo de la tecnología cuando: Necesita estar conectado durante más tiempo para sentirse satisfecho. Se siente deprimido, nervioso o enfadado. Se le pasa cuando usa la tecnología. Pasa mucho tiempo pensando cuándo se conectará de nuevo. No consigue controlar el tiempo que pasa conectado. Ha dejado de lado actividades u obligaciones por estar conectado. Prefiere las relaciones online a las personales. Miente en relación a la frecuencia con la que se conecta. La mayoría de los jóvenes pasan por este proceso abusivo. Aun así, realizar un seguimiento y transmitir la información necesaria evita riesgos mayores. Si el problema persiste, habría que consultar a un especialista. Cómo afrontar el problema:. El menor ha instaurado un hábito abusivo de la tecnología y, ahora, tiene que desaprenderlo. No se trata de prohibírselo, sino de que aprenda a usarlo de forma controlada, sustituyendo los hábitos inadecuados por otros más positivos. Fijar metas y plantearle pequeños retos para que recupere el control sobre el tiempo de uso. Hacer una lista de pros y contras de no abusar de la tecnología. Educar en el uso de Internet como fuente de información y formación, no solo de diversión. Terapia familiar donde, entre otras cosas, se asuman los errores y se anime a la colaboración para la recuperación del menor.
Detectamos un uso abusivo de la tecnología cuando: Necesita estar conectado durante más tiempo para sentirse satisfecho. Se siente deprimido, nervioso o enfadado. Se le pasa cuando usa la tecnología. Pasa mucho tiempo pensando cuándo se conectará de nuevo. No consigue controlar el tiempo que pasa conectado. Ha dejado de lado actividades u obligaciones por estar conectado. Prefiere las relaciones online a las personales. Miente en relación a la frecuencia con la que se conecta. La mayoría de los jóvenes pasan por este proceso abusivo. Aun así, realizar un seguimiento y transmitir la información necesaria evita riesgos mayores. Si el problema persiste, habría que consultar a un especialista. Cómo afrontar el problema:. El menor ha instaurado un hábito abusivo de la tecnología y, ahora, tiene que desaprenderlo. No se trata de prohibírselo, sino de que aprenda a usarlo de forma controlada, sustituyendo los hábitos inadecuados por otros más positivos. Fijar metas y plantearle pequeños retos para que recupere el control sobre el tiempo de uso. Hacer una lista de pros y contras de no abusar de la tecnología. Educar en el uso de Internet como fuente de información y formación, no solo de diversión. Terapia familiar donde, entre otras cosas, se asuman los errores y se anime a la colaboración para la recuperación del menor.